Tratar de la importancia de los derechos humanos resulta una necesaria y siempre procedente reiteración. Cuando hablamos de los derechos humanos, estamos simultáneamente haciendo referencia a un fenómeno, por una parte, paradigmático para el mundo civilizado actual y, por otra, de múltiples dimensiones en su manifestación. Suponen el más alto criterio de legitimación de los Estados. Figuran como el recto motor de la actuación política nacional e internacional. Aparecen como la síntesis entre eticidad, Derecho y política. Son, en definitiva, el crisol humanista de las ideologías vigentes. Su estudio e investigación, suponen un continuo replanteamiento y evolución de su concepto, significado y eficacia. Por otra parte, el activismo y la acción práctica en defensa de los derechos humanos, necesita una fortaleza intelectual que evite caer en la retórica o en la demagogia. No resulta por tanto, una labor ya terminada a la que se suman reinterpretaciones, a modo de una escolástica ramplona y reiterativa, sino que aparecen como un movimiento intelectual vivo, dinámico, en desarrollo continuo, con una trascendental importancia social.
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